Entre fósiles, antiguos objetos de navegación y vitrinas del Museo de Historia Natural de Valparaíso, cerca de 40 personas se reunieron el sábado 17 de octubre para explorar un ecosistema marino. No necesitaron equipos de buceo ni embarcaciones. Bastaron algunas cartas y fichas para comenzar a construir sus propios arrecifes de coral.
Estaba ahí para conocer Refugio Coral, el nuevo juego de la editorial Within Play, en colaboración con la Fundación Mar y Ciencia y financiado por el programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.
A través de sus cartas, jugadoras y jugadores observan cómo se integran diversas especies al arrecife y cómo avanza la sucesión ecológica, al tiempo que enfrentan eventos de crisis climática que entorpecen la evolución del hábitat.
La idea es despertar la curiosidad por la vida marina y contagiar ganas de cuidarla. Al final, el juego mezcla aprendizaje y entretención para reunir a familias y amigos en torno a la mesa, abriendo la conversación sobre cómo proteger nuestros océanos. Como todos los juegos Within Play.
Habituado a que estas cosas ocurran en Santiago, me emocionó mucho que hicieran un lanzamiento de un juego de mesa en Valparaíso. El Museo me queda a menos de una hora en micro desde casa, así que era una buena oportunidad que aprovechar.
No era raro que estuviera ahí. Como ingeniero ambiental, cualquier propuesta relacionada con biodiversidad, conservación y educación ambiental logra captar inmediatamente mi atención. Y si esa propuesta se juega en una mesa con más personas, aún mejor.
En micro rumbo al arrecife
Llegué solo, pero no pasó mucho tiempo antes de encontrarme con caras conocidas. Primero llegó Benja, un amigo que vive cerca del museo y al que había invitado a esta actividad. Después aparecieron Jari, de Ludiser, y Basti, su pareja. También me encontré con Alex, de la tienda Acafra, y Nicolás, de Cuchulab. Fue bonito ver tantos rostros familiares.
Antes de jugar hubo una presentación de la Fundación Mar y Ciencia. Contaron que son una organización chilena sin fines de lucro, fundada en 2017 en Valparaíso por los biólogos marinos Catalina Velasco y Felipe Pizarro, dedicada a promover la cultura oceánica, la conservación y la valoración del patrimonio submarino.

Con esa introducción, fue fácil darse cuenta de que Refugio Coral no había nacido únicamente como un juego de mesa. Detrás había también una intención de acercar la realidad que enfrentan los arrecifes de corales a las personas que probablemente nunca habían pensado en aquello, además de una experiencia ya probada.
En 2025, también con Within Play y la asesoría científica de AlgaLab de la Universidad de Concepción, presentaron Refugio Kelp, un juego que enseña de manera lúdica y basada en evidencia científica la importancia de proteger y restaurar los bosques de algas (ecosistemas de kelp), los cuales brindan refugio y alimento a la vida marina y ayudan a mitigar el cambio climático.
Terminada la charla llegó el momento de jugar. Había cuatro mesas preparadas, pero la convocatoria fue tan buena que tuvieron que habilitar dos más. En una de ellas me senté junto a Benja, Jari, Basti y Alex.
Refugio Coral fue un ejercicio de descubrimiento para todos los que estábamos en la mesa. Después de escuchar la explicación de la demostradora, intentamos descifrar cómo funcionaba el sistema de juego. Ahí comenzó la verdadera experiencia.
Tuvimos que revisar el manual con calma para comprender mejor qué podíamos hacer en cada turno y cómo interactuaban las cartas y las fichas entre sí. Tuvimos que comentar nuestras decisiones, debatir las estrategias y contrastar nuestras interpretaciones del reglamento, pero poco a poco las piezas empezaron a encajar. El refugio coral comenzaba a tomar forma.
Cuando por fin tuve todo más claro, mi estrategia fue mejorar los corales lo más rápido posible para aumentar el valor de las fichas de biodiversidad. Mi idea era conseguir mejores recursos, acceder a más cartas de ecología y sumar la mayor cantidad de puntos posible.

Mi estrategia parecía sencilla, pero llevarla a la práctica fue otra cosa. Refugio Coral plantea decisiones que obligan a pensar cómo aprovechar los recursos disponibles y desarrollar el arrecife. A eso se suman las ilustraciones, que construyen una identidad visual coherente con el ecosistema que el juego busca representar.
Al final, ganó Basti. Yo terminé en tercer lugar.
La presentación en Valparaíso fue la oficial, pero la Fundación se encargó de llevar también el juego a otras ciudades como Concepción, Valdivia y Viña del Mar. En esta última me sumé como demostrador por invitación de Alex, ya que su tienda oficiaría como organizadora para la presentación en el Artequin de la Ciudad Jardín.
Antes de salir del museo, alcancé a conversar con América, de la Fundación Mar y Ciencia, y la invité a participar en un futuro episodio de Expediciones Lúdicas. Aceptó la invitación y quedamos de coordinar una conversación.
Una semana después volví a encontrarme con Refugio Coral, esta vez en el Artequin de Viña del Mar. La diferencia era que ahora me tocaba explicar las reglas.
Al otro lado de la mesa
Llegué veinte minutos tarde. Las mesas ya estaban preparadas y me acerqué a una donde había dos personas. Comencé a explicarles el juego, pero poco después aparecieron Juan Salazar y Ema. Juan estaba en Viña del Mar para presentar Octo Rumble, su propio juego de temática marina, protagonizado por pulpos luchadores. Ambos se sumaron a la mesa y, con cuatro participantes, terminé asumiendo definitivamente el papel de demostrador.
Las preguntas aparecieron de inmediato, y eso era una buena señal.
Durante la primera ronda hubo dudas sobre prácticamente todo. Pero a medida que avanzaba la partida, los jugadores fueron ganando confianza. Primero comenzaron a reunir fichas de biodiversidad para mejorar sus corales. Más adelante empezaron a obtener cartas de ecología y a planificar estrategias mucho más elaboradas.
Fue entretenido ver ese proceso, ahora como demostrador.

No alcanzamos a completar la partida, ya que nadie logró obtener 60 puntos o más, lo que desencadena el término de la partida. De todas maneras, le dimos la victoria a Ema, que era la que más puntos había conseguido gracias a la gran cantidad de cartas de ecología que logró conseguir durante la partida.
Demostrar Refugio Coral terminó siendo la parte que más disfruté de toda esta experiencia.
Hace rato que no enseñaba un juego a otras personas. Menos aún uno que una semana antes yo mismo estaba intentando entender. En Valparaíso había tenido que revisar el reglamento y resolver dudas con mis compañeros de mesa. Ahora, en Viña del Mar, era yo quien intentaba ayudar a otros a comprenderlo.
Fue entretenido ver cómo, poco a poco, empezaron a tomar sus propias decisiones y armar sus estrategias. Me recordó lo que había vivido una semana antes, cuando todavía estaba descubriendo cómo funcionaba Refugio Coral con mis amigos.
Al final, me quedé con ganas de seguir jugando, pero también de volver a enseñar. No esperaba eso cuando tomé la micro rumbo al museo en Valparaíso.
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