Foxy, o no olvidar que jugar es mejor cuando es simple

Foxy parece otro juego de memoria, hasta que llega a la mesa. Una propuesta sencilla de explicar y jugar que recuerda algo que a veces se pierde entre reglas, mecánicas y cajas cada vez más grandes: para pasarlo bien no siempre hace falta complicarse.

Si existe una “falacia lúdica”, por antonomasia debería ser la eterna promesa de “este juego es tan fácil que lo puedes enseñar mientras estás jugando”, o la versión que sea que tú ocupes y en la que afirmas esto mismo.

Y el que esté libre de pecado que tire el primer dado; yo mismo he afirmado esto con un montón de juegos, como Llama (y sus eternas variantes salidas del inagotable sombrero mágico de Knizia), Bandido (y Bandida y su nueva edición Alcatraz), Rescate Animal y otros tantos. Pero en todos los casos siempre hay un contexto que dar.

Excepto con Foxy. Con Foxy no hay que explicar nada, salvo decir: mira, recuerda y anota. Te prometo que esta vez sí es verdad.

Me acordaba de Foxy, pero no por las razones que ahora me hacen no querer olvidarlo

Foxy es parte del primer grupo de juegos localizados para Chile que Within Play trajo de su visita a Essen en 2025. Localizar no es solo mandar a imprimir y poner en las vitrinas; implica confiar en el trabajo de otro autor o autora y tener la certeza —o la máxima confianza posible— de que la propuesta mecánica y la experiencia del juego pueden enganchar con el público del territorio al que llegarán.

Foxy pasó ese filtro y ahora entiendo por qué.

La copia de Foxy me la entregó Chilo Varela cuando estuvieron en Concepción para la fecha clasificatoria del tercer torneo nacional de Ilan, en la Biblioteca Municipal penquista. “Ojalá te guste”, me dijo.

Estar atento a todas las novedades de juegos de mesa es imposible. No hay quien pueda. Ni siquiera les sigo la pista a todas las que causan más revuelo en internet y las redes sociales, muchas veces promovidas por las propias editoriales.

Pero, a falta de esa capacidad, de tanto en tanto miro los videos de Zacatrus, y ahí fue cuando vi a Foxy.

La verdad es que no terminé de mirar el video. Qué lata, dije, otro juego de memoria. Aun así, mantuve a Foxy en la retina.

Reconozco que me sorprendí cuando supe que Within Play lo publicaría en Chile. Por eso, cuando Chilo me regaló una copia —su copia, de hecho—, me apresuré a probarlo.

Jugar debería ser fácil y Foxy es la prueba

En Foxy se revela una carta y todos miramos.

Pueden aparecer cuatro ambientes y, en cada uno, hasta dos animales: el océano, con pulpos y delfines; la granja, con cerdos y gallinas; el bosque, con osos y conejos; y la sabana africana, con cebras y jirafas. Además, en cualquiera puede aparecer un gato.

Tras revelar la carta, la pregunta es sencilla: ¿cuántas veces han aparecido hasta ahora los animales que están en esa carta?

Nada más.

Cada jugador anota su respuesta en secreto y se revela una nueva carta. Entonces hay que volver a recordar. Y después otra. Y otra. La dificultad no está en entender qué hacer, sino en mantener en la cabeza algo que inevitablemente comienza a confundirse: ¿eran tres cebras o cuatro?, ¿ese gato había aparecido antes?, ¿estoy contando esta carta también?

Ahí estaba lo que no alcancé a ver cuando cerré el video de Zacatrus.

Foxy es un juego de memoria, sí, pero no uno en el que haya que recordar dónde estaba escondida una imagen para encontrar su pareja. Porque en eso soy pésimo, como en Trío.

Aquí la memoria se va construyendo durante la partida y cada carta nueva obliga a revisar lo que creíamos recordar. Además, hay una pequeña decisión que impide que todo dependa de acertar: una vez por partida podemos encerrar una de nuestras respuestas en un círculo. Si es correcta, esos puntos se anotan dos veces. Solo hay que decidir cuándo estamos suficientemente seguros de nuestra propia memoria.

Después de jugarlo entendí también la decisión de Within Play de traerlo a Chile. Foxy puede ponerse frente a personas que juegan habitualmente, pero también frente a alguien que no conoce qué es un deckbuilding, nunca ha oído hablar de colocación de trabajadores y probablemente tampoco tiene interés en aprenderlo.

Mira, recuerda y anota. Con eso basta.

A veces, entre tantos juegos que buscan una mecánica nueva, una combinación distinta o una caja que justifique varias horas alrededor de la mesa, es fácil olvidar que jugar también puede ser esto.

Sacar unas cartas, mirar unos animales y descubrir, diez minutos después, que estabas absolutamente convencido de haber visto un pulpo que nunca estuvo ahí.

Quizás por eso ahora sí quiero acordarme de Foxy.

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