Sentarse alrededor de una mesa a jugar debería ser una experiencia universal, una instancia donde todas las personas disfruten en igualdad de condiciones, sin importar quiénes son o cómo se perciben.
Así ocurre casi siempre, y aunque las malas experiencias no son exclusivas de ningún grupo, lo cierto es que la comunidad LGBTQIA+ reconoce mayores dificultades para encontrar lugares acogedores donde disfrutar de un hobbie que es, en esencia, social.
A la par que el gusto por los juegos de mesa comenzó a masificarse durante la pandemia de la Covid-19, en 2020 y luego durante el periodo de desconfinamiento, cuando la gente volvió a reunirse presencialmente, también afloraron nuevas comunidades y eventos que hicieron que el hobbie se tomara nuevos espacios.
Menta Millán es persona no binarie y en 2022 quiso integrarse a una de estos grupos. Se acercó a uno, pero su experiencia no fue la mejor:
“Tenía muchas ganas de jugar, así que me puse a buscar comunidades. Encontré algunas, pero me encontré con problemas de misoginia, de lgbtfobia; no fueron ataques de odio, pero me hacían sentir incomode y que no me permitían disfrutar el juego, tenía que estar a la defensiva, fue muy fome”, contó.

Ese fue el gatillante para que en julio de 2022 se decidiera a fundar el Club de Tokens, una comunidad de personas trans, no binaries, mujeres cis y personas intersex que aman los juegos de mesa y rol.
El nombre del Club de Tokens no hace solo referencia a las fichas utilizadas en los juegos de mesa, sino al concepto de tokenismo, práctica que consiste en incorporar de manera simbólica a personas pertenecientes a grupos históricamente marginados para proyectar una imagen de diversidad, sin garantizar una inclusión real ni otorgarles espacios de participación efectiva. Al apropiarse del término, la comunidad busca cuestionar esa lógica y reivindicar la construcción de un espacio donde la representación vaya acompañada de pertenencia.
La comunidad la integran 98 personas en la Región Metropolitana y desde el año pasado también se está instalando en la Región de Valparaíso, donde ya tiene 18 participantes.
Para unirse, los requisitos son pertenecer a alguna de las disidencias, ser mayor de 21 años y aceptar el decálogo de buenas prácticas.
Espacios cómodos
La psicóloga y divulgadora lúdica Miila Parra dice que “hablamos de esto porque es necesario el respeto a las personas. No importa el color, no importan los objetos de deseo, no importa la expresión de género, no importa si piensas diferente o no; somos personas y tenemos que respetarnos los unos a los otros, sobre todo en espacios sociales como el juego”.
“Todos sabemos lo maravilloso que es el juego y que nos gusta tanto simplemente porque nos divertimos en él, pero a nuestra mesa pueden entrar personas de diferentes rangos etarios, colores políticos, deseos sexuales y expresiones de género, con todos los tipos de diversidades que puedan existir”.
Para la psicóloga, es importante recordar que todas las personas conformamos una comunidad muy diversa en su amplio espectro, y por eso “hay que promover el respeto entre nosotros y decir, somos todos diferentes y todos merecemos respeto por ser quienes somos”.

En esa línea, algunas personas plantean la necesidad de impulsar y promover los llamados espacios seguros para las disidencias; sin embargo, Menta afirma que lo más apropiado es hablar de espacios cómodos.
“Mucha gente usa la frase ‘espacios seguros’, pero a mí no me gusta esa frase porque creo que ser disidencia, persona trans, persona no binarie o mujer no hace que seamos personas seguras. Creo que es muy importante reconocer la violencia que todes pueden ejercer sobre nosotres; así que no me gusta catalogarlo como espacio seguro, sino como un espacio acogedor para disidencias”, dice la fundadora del Club de Tokens.
Miila Parra, quien además se identifica como pansexual, afirma que “los espacios no son seguros porque las comunidades están creciendo —y es necesario que crezcan— pero nos vamos encontrando con personas que no están en la misma línea que nosotros”.
“Algunas vez pensé que la comunidad ya estaba ’saneada’ y que estábamos todos en la misma línea. pero en verdad era porque todo estaba silenciado. Jamás fue un espacio seguro”.
Miila Parra, Psicóloga y divulgadora lúdica.
En el mismo tenor, la autora trans Rebe Olivares afirma que “vemos más discriminación en el mundo del TCG. El mundo del rol, por su naturaleza y la esencia de sus personas, es mucho más abierto”.
“En Chile hemos tenido la suerte de que en el mundo de los juegos de mesa hemos tenido desde muy temprano a figuras como la Ketty (Galleguillos) o la Gloria (Cárdenas), como la Cami (Muñoz), han sido quienes han marcado la pauta y no tendríamos industria si no fuera por ellas. El origen de los juegos en Chile nació a través de las mujeres”, agrega.
Responsabilidad editorial
Pero los desafíos para las disidencias no terminan en la búsqueda de un espacio cómodo para jugar. El problema tiene raíces más profundas que se extienden hasta el origen mismo de los juegos que llegan a la mesa.
La industria lúdica y las líneas editoriales tienen un peso político innegable: las temáticas que deciden publicar, las ilustraciones que aprueban y las historias que cuentan perpetúan, muchas veces, estereotipos excluyentes. Romper ese ciclo desde la creación es una tarea compleja, y requiere que la conversación incomode a un mercado que históricamente ha jugado a la segura.
Para Rebe Olivares, el juego de mesa es indudablemente político.
“Es un modelo de la realidad y no puedes escaparte de tu opinión; por mucho que quieras promover un momento histórico, siempre vas a estar añadiéndole tu visión acerca de qué significa eso. Como herramienta de interacción social, siempre vamos a tener prejuicios a la vista”.
Rebe Olivares, autora trans.
Por eso mismo, afirma que sigue pendiente incorporar a más mujeres y disidencias en la industria de los juegos de mesa. Eso sí, reconoce que no es prudente hablar de una discriminación intencionadaa, sino más bien de la poca costumbre que existe por incorporar a mujeres y disidencias al discurso lúdico.
“Sí, faltan mujeres y faltan disidencias. Pero creo que la discriminación es más interna, como a nivel de quienes tienen permitido crear un juego, quienes tienen tiempo libre para crear un juego o incluso, al ser un nicho más nerd, se suele considerar un espacio más masculino. La discriminación es más sutil, no tan directa; no he visto ese nivel de discriminación que sí he visto en otros lados.

Por eso, es firme en relevar que las decisiones que toman autoras y autores sobre sus creaciones nunca deben tomarse a la ligera.
“Todo autor debe estar muy consciente de las desiciones políticas que toma, porque ese es el mundo que está tratando de posicionar a través de su juego; por lo que si se toma a la ligera, también estás demostrando que eso te importa poco”, dice.
El Club de Tokens lleva tres años creciendo. Hoy son más de cien personas en dos regiones que se reúnen a jugar sin tener que estar a la defensiva. Para Menta, eso ya es suficiente prueba de que el espacio hacía falta, y de que construirlo fue la única forma de tenerlo.
“Nuestro objetivo es poder mantenerlo acogedor. Las personas del Club se sienten agradecidas de que exista un espacio como este porque pueden disfrutar del hobbie de manera más tranquila. Nos podemos nutrir del jugar y del compartir”, dice.