La riqueza histórica y cultural de la cuenca del carbón en el Biobío cobró una nueva dimensión, esta vez lejos de los piques y más cerca de los dados y tableros. «Subterra», el proyecto lúdico nacional apoyado por el Fondart, propuso llevar las crónicas de Baldomero Lillo a una experiencia donde la sobrevivencia familiar y la crudeza del trabajo minero se entrelazaron de manera profunda.
Con el objetivo de devolver esta obra a su territorio de origen, el título editado por la emergente casa editorial Piyo fijó su presentación más significativa para este martes 28 de julio en el histórico Pabellón 83 de Lota. La elección del lugar subraya el vínculo de una obra que transformó las páginas del clásico literario en un juego para toda la familia.
De un western a las profundidades del carbón
El germen del título no comenzó en el sur de Chile. Inicialmente, el proyecto estuvo ambientado en el lejano oeste, enfocado en una narrativa donde los participantes debían enfrentarse a un villano. «Todo nació de otro juego que estaba haciendo que era ambientado como western… un amigo -Salva de Pillo-, me dice que podría hacerlo ambientado en Subterra», relató Rebeca Olivares, autora del juego.

Tras una relectura del libro y un exhaustivo trabajo de investigación junto a una historiadora, la obra tomó su forma definitiva. El diseño incorporó elementos icónicos de la zona, como las viviendas en los pabellones y la vital importancia de la pulpería. «Tenía muy claro qué elementos tenía que considerar el juego. Hay cosas que son muy anecdóticas dentro de Subterra, como es la caza o el contrabando, de las que se habla muy poco, pero igual son muy memorables», detalló la creadora.
Sobrevivencia y coherencia
Lejos de ser un título de gestión de recursos tradicional donde la fuerza laboral era descartable, el diseño exigió cuidar de cada integrante de la familia. Al respecto, Olivares fue enfática sobre el foco de las mecánicas: «Era importante entender que el juego es de sobrevivencia, de hacer sobrevivir a mis personas, a mi familia minera, donde tengo adultos y tengo niños».
El riesgo en el tablero replicó la tensión de la época. El pique minero podía explotar, obligando a las familias a tomar decisiones extremas para asegurar el alimento. «El enviar a un niño, por ejemplo, a trabajar fuera un dilema dentro del juego. Acá tú ganas puntos por mandar al niño a la escuela, que sería el fin mejor para esta familia», puntualizó la autora.
La decisión de enfocarse en las dinámicas familiares por sobre la mera extracción de carbón fue una declaración de principios frente al diseño. «Más que saber todo eso del desarrollo minero, que en verdad es súper interesante pero muy técnico y muy capitalista, es más interesante recuperar eso que incluso se habla poco: cómo era la vida de ciertas personas y de los que no podían contar la historia», reflexionó Olivares.
Diseño con memoria y perspectiva
La complejidad y envergadura de «Subterra» obligó a trasladar la manufactura a China, lo que supuso un desafío logístico importante para el equipo. «No es más fácil producir en China, la verdad, como el no poder estar ahí en la producción al lado o gente que te entienda, además de la barrera del idioma y la hora», explicó la creadora, quien también se desempeñó como directora de arte en la editorial Piyo.
El diseño final no solo se quedó en las mecánicas, sino que buscó visibilizar a quienes históricamente fueron omitidas en estos relatos. Olivares destacó que el equipo exploró otros cuentos de Lillo para otorgar paridad de género al universo del juego, rescatando historias que mostraron el rol fundamental y el sacrificio de las mujeres trabajadoras de la época.
«No es que Baldomero le huyera a eso, simplemente no era el tema de la mina (…) pero tampoco le rehúye a darle personalidad a las madres o a la mujer trabajadora. No es un retrato machista de que las mujeres están para eso, sino que son mujeres que tienen que encargarse además de eso, siempre con una cosa de sacrificio y dolor», argumentó.
Para complementar esta visión, el título incluye un detallado librillo informativo de 12 páginas que profundiza en la vida en el subsuelo, el trabajo doméstico y femenino, e incluso un recetario tradicional.