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  • Reseña de Bajo las Hojas: todo lo que está bien llega en primavera

    Reseña de Bajo las Hojas: todo lo que está bien llega en primavera

    Para la industria editorial, las semanas previas a la Spiel Essen -la feria de juegos de más grande el planeta que se realiza en Alemania y donde todos quieren estar- son caóticas: hay que ajustar detalles del viaje, terminar de imprimir lo que haga falta y un sin fin de otros temas logísticos. Pero también son buen tiempo porque atracan a puerto las novedades que llevarán a la feria.

    Y así ocurrió algunas semanas atrás, cuando Fractal anunció que tres títulos que llevarán a Essen ya estaban en suelo nacional: El Pantano de Feya (que alcanzó a llegar al segundo lugar en el ranking Hotness de la BGG), Where is That? (Europa y Sudamérica) y Bajo las Hojas.

    Sobre este último, ya tenemos nuestras primeras impresiones y sólo podemos iniciar diciendo que todo lo bueno siempre llega en primavera.

    El jardín del vecino siempre es más verde

    Hablamos de juegos gateway -o de entrada, si decidimos dejar de lado el lenguaje pretencioso- cuando tenemos frente a nosotros una obra de corta duración, reglas simples y disfrutable a cualquier edad. Eso es Bajo las Hojas, un juego de entrada, pero con un diseño tan versátil que puede amplificar tu lado más competitivo en apenas un par de turnos.

    El motor de «Bajo las Hojas» es tan sencillo como gratificante.

    En cada una de las doce rondas que dura la partida, nuestra única gran decisión será escoger una de las tres losetas de jardín disponibles y añadirla a nuestro terreno personal. La única regla es que debe conectar con alguna que ya hayamos bajado, como si estuviéramos armando un puzzle. Este simple acto de elegir y colocar es el corazón de la experiencia, un ciclo relajante que, sin que te des cuenta, va construyendo una red de decisiones cada vez más complejas.

    Aquí es donde entra el primer giro interesante: la polinización. Al juntar tres o más terrenos del mismo color, creamos un «sector polinizado», lo que inmediatamente atrae a una abeja a nuestro jardín. Y cuando logramos que todos los terrenos de una misma loseta formen parte de estos sectores, podrás atraer a un colibrí.

    Así, de repente, ya no solo estás poniendo piezas al azar; estás planificando patrones, optimizando cada colocación y mirando de reojo qué colores necesita el jardín del vecino.

    Pero la verdadera chispa competitiva, la que te hace fruncir el ceño y planificar a futuro, son los habitantes. Al inicio de la partida se revelan tres cartas de habitantes que nos dirán qué patrones específicos atraen a las criaturas de las hojas, los charcos o los hongos. Esta la capa de rejugabilidad que ofrece Bajo las Hojas y que transforma un tranquilo paseo por el jardín en una vibrante competencia por ser el ecosistema más atractivo de la mesa.

    Vengan todos a mi jardín

    En la mayoría de los juegos, la sentencia final respecto de si vale o no la pena jugarlo, tiene que ver con la satisfacción que nos produce enfrentar su desafíos. Si sentimos que la progresión es justa, si las acciones que tomamos son importantes para el desarrollo de la propia partida o si siento que estoy haciendo lo que el juego dice que estoy haciendo.

    Bajo las Hojas cumple con todo eso: sí, estoy progresando mientras construyo un jardín más grande y con más habitantes; sí, decidir entre una loseta de jardín u otra me significó lograr esa progresión; y sí, estoy construyendo un jardín en el que abejas, colibríes y criaturas del bosque vienen a divertirse. Y si es así, entones yo también me estoy divirtiendo.

    Una partida de Bajo las Hojas no es suficiente. Por eso, la cuarta pregunta siempre es ¿quiero volver a jugarlo? Sí, y quiero que todas las criaturas vengan a mi jardín, porque lo bueno siempre llega en primavera.

  • Reseña de Nunatak: Una cuestión de altura, diseño y sencillez

    Reseña de Nunatak: Una cuestión de altura, diseño y sencillez

    Takenoko fue uno de los primeros juegos de mesa de los que me enamoré. Tras primeras experiencias con otros clásicos como Ticket to Ride, Pandemic y los infaltables Scrabble, ludo y otros juegos de carta clásicos que siempre están en casa, la verticalidad del juego del panda me fascinó.

    Ya no se trataba de jugar a ras de mesa, como los ejemplos que mencioné antes, sino que había una dimensión más que gestionar: la vertical. Acostumbrado a lo plano, descubrir esta potencialidad me disparó un shot de serotonina que todavía guardo como uno de los recuerdos más preciados de cuando conocí este mundo (aunque ya dije que me carga llamarle mundo).

    Nunatak es ese tipo de juegos. Dejas de mirar solo a la mesa -y a tu oponente, coqueto- y, a medida que avanza el juego, poco a poco elevas la mirada hasta el épico final de la partida en la que coronas la gran pirámide de hielo con la cúpula. Hacerlo no es sólo un gesto mnemotécnico sino que además tiene una ventaja competitiva porque le suma puntos a quien tenga el honor. Acción memorable le llaman otros. Sutilezas mágicas que nos hacen querer volver a traerlo a mesa.

    Este juego llegó a nosotros gracias a Devir Chile.

    Nunatak: el templo de hielo

    En medio de la cordillera de Ellsworth, una cadena montañosa que mide aproximadamente 400 km de largo y que se ubica en la Antártida, existe un Nunatak. Se trata de una formación rocosa erosionada por el viento polar que, a lo largo de los años, ha tomado la forma de pirámide.

    Este es el punto de partida de Nunatak. En la ficción del juego, seremos los miembros de una antigua civilización que se encuentra construyendo el templo de hielo más grande que la humanidad haya visto jamás. Pero no se trata de un juego cooperativo, sino uno en el que deberemos prestar atención a las posibilidades que abre cada jugada, para no favorecer (tanto) a los demás jugadores.

    Nunatak se puede jugar en solitario o hasta cuatro personas, en partidas que duran entre 30 y 45 minutos.

    La mecánica central de Nunatak es tan elegante como su presencia en mesa. En nuestro turno, robaremos una carta de construcción, que funciona como un plano indicándonos dónde podemos añadir uno de nuestros bloques al templo. Poco a poco, bloque a bloque, veremos cómo la estructura emerge de la mesa, obligándonos a levantar la mirada.

    Pero no se trata solo de construir hacia arriba; aquí entra en juego una sutil mecánica de control de áreas. Cuando se completan fundaciones de 2×2 bloques, quien tenga la mayor presencia en esa sección se llevará valiosos puntos, creando una tensión constante por el control del terreno.

    Pero la sencillez del turno a turno esconde una capa estratégica más profunda en forma de cartas. Construir es vital, sí, pero planificar para el futuro lo es aún más.

    Existen 6 tipos de cartas que podemos ir acumulando para obtener bonificaciones al final de la partida. Podemos, por ejemplo, reclutar ‘trabajadores’, que premiarán generosamente a quien más haya contratado, o especializarnos como ‘talladores de hielo’, obteniendo puntos según la cantidad de cartas de ese tipo que tengamos. Esta dualidad añade una deliciosa capa de planificación a largo plazo.»

    Un juego a la altura

    Si Takenoko me enamoró en su día por su elegante verticalidad, Nunatak se ha ganado un espacio en mi ludoteca por recordarme esa misma sensación: la de construir algo imponente que se eleva sobre la mesa.

    Una partida de Nunatak cumple lo que promete, no sólo por el tiempo de partida, sino por la experiencia física de construir una pirámide, así también lo es la profundidad mecánica que permite plantear una estrategia y disfrutar cuando todo sale según el plan.

    A pesar de que el juego permite partidas de dos -incluso tiene un modo solitario- cuando más brilla la experiencia es a tres o cuatro jugadores, pudiendo así disfrutar cada uno de su propia estrategia.

    Yo lo recomiendo por el placer de apostar por una nueva dimensión entre tanto juego a ras de mesa. No lo digo como algo malo, sino como una característica diferenciadora que le permite con brillar con luz propia.

    Es un manjar visual. Un juego que está a la altura.