Hoy Jugué

Etiqueta: Devir Chile

  • Nacional de Catan 2025, lo bueno, lo malo y lo feo

    Nacional de Catan 2025, lo bueno, lo malo y lo feo

    Este 22 de noviembre se celebró el Nacional de Catan 2025. Fue una jornada intensa de tres rondas clasificatorias en formato suizo, donde 47 campeones presentes y subcampeones de todo el país lucharon por un cupo entre los 16 semifinalistas. Tras una fase de alta concentración, solo los cuatro mejores alcanzaron la final, instancia donde emergió desde Coquimbo la nueva campeona nacional, Andrea Torrejón, quien nos representara en el Continental Americano 2026 en Iguazú, Brasil.

    Sin embargo, y casi como de costumbre, no todo fue perfecto. A continuación, analizamos lo bueno, lo malo y lo feo del evento organizado por Devir Chile.

    Lo Bueno: Se notó una mejora sustancial en el reglamento, con mayor detalle y cercanía al estándar internacional. Aunque faltaron especificaciones sobre situaciones puntuales (comparado con el Reglamento Oficial de Catan Events), es una señal prometedora. Destacó también el sistema de ingreso: expedito, ordenado y claro. Además, detalles como la estación de café y el kit de bienvenida fueron gestos bien recibidos por los jugadores.

    Lo Malo: Durante la competición ocurrieron dos apagones. Fueron cortes programados que el hotel no pudo solventar, obligando a los jugadores a continuar sus partidas iluminados solo por las linternas de sus celulares. Surgen las preguntas obligadas: Si el corte estaba programado, ¿no existió coordinación previa entre Devir y el recinto? ¿El hotel no contaba con generadores de respaldo?

    Solo pudieron asistir 47 jugadores de los -aproximadamente- 60 publicados, es decir al menos 13 jugadores no pudieron estar a pesar de haber logrado sus cupos, esto debido al tiempo entre los clasificatorios y el evento, dejando a estos jugadores sin la capacidad de comprar pasajes a buen precio para estar presentes, dejando fuera a jugadores de localizaciones mas alejadas de la capital.

    Lo Feo: Es lamentable —nuevamente— que el cuerpo de jueces, pese a su esfuerzo y buena voluntad, mostrara desconocimiento del reglamento enviado por la propia organización. Las instrucciones contradictorias y el manejo errático del público generaron ansiedad, debates innecesarios y correcciones in situ que mermaron su autoridad.

    Pero lo más grave fueron los errores en la gestión de datos, primero el desconocimiento en el uso de Best Coast Pairings (configuraciones) por lo que debieron usar la planilla de Excel, la cual falló reiteradamente, obligando a corregir resultados y redistribución de mesas hasta cuatro veces seguidas e incluso se debió dar apoyo por parte algunos participantes en enmendar estos errores.

    Esto no solo extendió la jornada innecesariamente, sino que destruyó la confianza en el sistema deportivo. Se intentó implementar condiciones de «no repetición de jugadores» ajenas al formato suizo puro, confundiendo las reglas con las de sistemas aleatorios usados en otros torneos internacionales.

    La falta de pericia con Excel se podría perdonar, pero que el “software de standing” de Devir siga sin funcionar y sea poco amigable —repitiendo los problemas de los clasificatorios— es preocupante, algo que la comunidad ya ha resuelto hace al menos 2 años en torneos amateurs como Catan ChallengersCatan CYC Chile y Secata.

    El evento más esperado por la comunidad catanera no dio el ancho, distando mucho de la calidad vista en el Catan Connect de principios de año. Pareció un evento realizado «a la fuerza» más que una celebración del juego siendo que los problemas encontrados son completamente abordables. Aun así, los dados ya han sido lanzados. Tenemos una nueva campeona y la ilusión de traer la copa al país desde Brasil. La comunidad seguirá entrenando en los torneos que la propia comunidad organiza, esperando no solo que Chile llegue a lo más alto en el juego, sino que Devir Chile escuche a quienes dan vida a sus actividades. 

    Esperamos que esa luz no se apague.

  • Reseña de Nunatak: Una cuestión de altura, diseño y sencillez

    Reseña de Nunatak: Una cuestión de altura, diseño y sencillez

    Takenoko fue uno de los primeros juegos de mesa de los que me enamoré. Tras primeras experiencias con otros clásicos como Ticket to Ride, Pandemic y los infaltables Scrabble, ludo y otros juegos de carta clásicos que siempre están en casa, la verticalidad del juego del panda me fascinó.

    Ya no se trataba de jugar a ras de mesa, como los ejemplos que mencioné antes, sino que había una dimensión más que gestionar: la vertical. Acostumbrado a lo plano, descubrir esta potencialidad me disparó un shot de serotonina que todavía guardo como uno de los recuerdos más preciados de cuando conocí este mundo (aunque ya dije que me carga llamarle mundo).

    Nunatak es ese tipo de juegos. Dejas de mirar solo a la mesa -y a tu oponente, coqueto- y, a medida que avanza el juego, poco a poco elevas la mirada hasta el épico final de la partida en la que coronas la gran pirámide de hielo con la cúpula. Hacerlo no es sólo un gesto mnemotécnico sino que además tiene una ventaja competitiva porque le suma puntos a quien tenga el honor. Acción memorable le llaman otros. Sutilezas mágicas que nos hacen querer volver a traerlo a mesa.

    Este juego llegó a nosotros gracias a Devir Chile.

    Nunatak: el templo de hielo

    En medio de la cordillera de Ellsworth, una cadena montañosa que mide aproximadamente 400 km de largo y que se ubica en la Antártida, existe un Nunatak. Se trata de una formación rocosa erosionada por el viento polar que, a lo largo de los años, ha tomado la forma de pirámide.

    Este es el punto de partida de Nunatak. En la ficción del juego, seremos los miembros de una antigua civilización que se encuentra construyendo el templo de hielo más grande que la humanidad haya visto jamás. Pero no se trata de un juego cooperativo, sino uno en el que deberemos prestar atención a las posibilidades que abre cada jugada, para no favorecer (tanto) a los demás jugadores.

    Nunatak se puede jugar en solitario o hasta cuatro personas, en partidas que duran entre 30 y 45 minutos.

    La mecánica central de Nunatak es tan elegante como su presencia en mesa. En nuestro turno, robaremos una carta de construcción, que funciona como un plano indicándonos dónde podemos añadir uno de nuestros bloques al templo. Poco a poco, bloque a bloque, veremos cómo la estructura emerge de la mesa, obligándonos a levantar la mirada.

    Pero no se trata solo de construir hacia arriba; aquí entra en juego una sutil mecánica de control de áreas. Cuando se completan fundaciones de 2×2 bloques, quien tenga la mayor presencia en esa sección se llevará valiosos puntos, creando una tensión constante por el control del terreno.

    Pero la sencillez del turno a turno esconde una capa estratégica más profunda en forma de cartas. Construir es vital, sí, pero planificar para el futuro lo es aún más.

    Existen 6 tipos de cartas que podemos ir acumulando para obtener bonificaciones al final de la partida. Podemos, por ejemplo, reclutar ‘trabajadores’, que premiarán generosamente a quien más haya contratado, o especializarnos como ‘talladores de hielo’, obteniendo puntos según la cantidad de cartas de ese tipo que tengamos. Esta dualidad añade una deliciosa capa de planificación a largo plazo.»

    Un juego a la altura

    Si Takenoko me enamoró en su día por su elegante verticalidad, Nunatak se ha ganado un espacio en mi ludoteca por recordarme esa misma sensación: la de construir algo imponente que se eleva sobre la mesa.

    Una partida de Nunatak cumple lo que promete, no sólo por el tiempo de partida, sino por la experiencia física de construir una pirámide, así también lo es la profundidad mecánica que permite plantear una estrategia y disfrutar cuando todo sale según el plan.

    A pesar de que el juego permite partidas de dos -incluso tiene un modo solitario- cuando más brilla la experiencia es a tres o cuatro jugadores, pudiendo así disfrutar cada uno de su propia estrategia.

    Yo lo recomiendo por el placer de apostar por una nueva dimensión entre tanto juego a ras de mesa. No lo digo como algo malo, sino como una característica diferenciadora que le permite con brillar con luz propia.

    Es un manjar visual. Un juego que está a la altura.